12 de enero de 2017

Reseña #69 | Difícil perdón | Mercedes Santos


"El placer que ha sentido, mademoiselle, hace un instante no se lo ha ofrecido ese mequetrefe de botas lustrosas, se lo he ofrecido yo, Adam Tilman, y no habrá nunca otro que pueda hacerla sentir nada igual. Recuérdelo; algún día suspirará por que la bese..."



 HISTORIA
Los Lemoine, una de las grandes familias esclavistas de Charleston, lo habían perdido todo tras la guerra de Secesión americana. Muerto en el frente el único hijo varón y con un padre con las facultades mermadas, tratar de salvar la plantación Fôret rouge recayó sobre las espaldas de las dos hijas, Hortense y Margaux. Adam Tilman, el descarado hijo del que fuera capataz de los Lemoine, siempre había estado enamorado de la mayor, Margaux. Una noche se coló en su dormitorio y la besó apasionadamente, y ella logró que lo echaran de la plantación. Sin embargo, antes de irse, se prometió que alguna vez esa mujer sería suya. Terminada la guerra, Adam Tilman regresó a Charleston convertido en un adinerado empresario y decidido a aumentar su fortuna en el derrotado Sur. La petición de ayuda de una arruinada Margaux Lemoine, le puso en bandeja una venganza largamente esperada….
 CONCLUSIÓN
Las primeras páginas nos sitúan directamente en el año 1868, una vez finalizada la guerra de Secesión americana, cuando Charleston es un hogar en ruinas, con una Margaux ya adulta al borde de la miseria. La autora nos resume, muy brevemente, las repercusiones que el conflicto bélico tuvo para todas las familias de Charleston, pero no se extiende en dramatismos innecesarios. La familia Lemoine, o más bien lo que queda de ella, se está ahogando en un mar de deudas y no tienen a quién acudir, aparte de los usureros de la ciudad. El prometido de Margoux, el amor platónico de su infancia, no se encuentra en mejor situación que el resto de su familia. De modo que, presionada por su hermana y su tía, se ve obligada a tragarse el orgullo para acudir a Adam Tilman en busca de ayuda económica. El mismo Adam Tilman al que ella arruinó la vida cuando sólo era una niña.

A través de sus recuerdos, descubrimos los dos sucesos de su niñez que marcaron sus destinos para siempre. Por una parte, Margaux anhela enamorarse de verdad. Por la otra, Adam desea vengarse de la niña caprichosa que le rompió el corazón. Gracias a que su narrativa nos permite conocer los dos puntos de vista al mismo tiempo, enseguida simpatizamos con los sentimientos de ambos protagonistas. Lo cierto es que hay una química innegable entre los dos, cada vez que están juntos saltan chispas. Las primeras escenas entre ellos son muy sugerentes en pocas palabras. Sin embargo, su romance se queda sin fuelle tras su primer reencuentro. Después de todo lo que ha llovido desde su separación, la autora no cuenta absolutamente nada de lo que sucede en esa oficina cuando era un momento que daba muchísimo juego teniendo en cuenta la tensión sexual no resuelta de la pareja principal.

A partir de ese momento, esta novela corta empieza a parecerme un resumen muy resumido de una novela muchísimo más larga que me habría encantado leer, porque el argumento es muy romántico. Sin embargo, debería profundizar mucho más en la historia porque abrevia todo lo que puede. Ni siquiera nos ofrece largas conversaciones que nos permitan desarrollar algún sentimiento sólido en respuesta a sus vivencias. Todo momento decisivo, toda emoción incontrolable, todo queda resumido en un par de frases; muy bien escritas, eso sí. Al final, Margoux sólo es una tontorrona ignorante que confunde el placer con el amor y se enamora hasta las trancas con la primera caricia. Por supuesto, los celos la están destrozando, porque Adam también estaba comprometido a otra mujer.

Hasta casi el final de la novela, me parecía una lectura amena perfecta para una tarde tranquila, bastante recomendable para las amantes del género. Su historia es muy entretenida, pero a medida que avanza es decepcionante. De repente, todo sucede a un ritmo caótico carente de toda lógica. Margoux avanza a traspiés, dando palos de ciego para sobrevivir como puede, haciendo alarde de una indecisión que sólo le aporta nuevas elecciones erradas. Durante el desenlace, muchas acciones no me parecen del todo creíbles y se pierde la afinidad que habíamos establecido con Adam porque su actitud no tiene nombre. Además de que pierde todo protagonismo durante demasiados capítulos. Ese final no se merecía los aplausos. De pronto, se termina el estropicio, así sin más.


★★★★★★

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