10 de junio de 2017

Reseña #147 | Brujarella | Iban Barrenetxea


"Ha sucedido algo horrible... ¡Horrible! Me han robado... Me han robado, y no creas que ha sido cualquier cosa. ¡Me han robado lo que una bruja más aprecia en el mundo! ¡Me han robado un calcetín! ¡Uno de mis preciosos calcetines a rayas! ¡Frente a mis propias narices! ¡Frente a la verruga de mis narices! ¡Frente al pelo de la verruga de mis narices! ¡Es el fin! ¡Es el fin!"



Algo terrible ha sucedido. Las ranas están desapareciendo del bosque de Terragrís. Todas las ranas. La Hermandad de Brujas del Bosque celebra una reunión extraordinaria a la luz de la luna llena. Las ranas son el ingrediente principal de sus pociones. Sin ranas, el futuro de la brujería está en peligro. Mientras tanto, Brujarella hace su colada anual (por algo es la bruja más limpia del mundo) y se da cuenta de que falta uno de sus preciados calcetines a rayas. ¿Quién puede estar tras las misteriosas desapariciones? Brujarella, con la ayuda de sus peculiares compañeros, deberá infiltrarse en la siniestra mansión del marqués de Grenouille para resolver el enigma.
 

Miravella, la Bruja Suprema de la Hermandad de Brujas del Bosque, ha convocado a todas las brujas del bosque a una reunión extraordinaria con motivo de la sucesión de misterioras desapariciones que vienen padeciendo. Y los nombres de las otras brujas son canela fina: Manzzanella, famosa por su infusión. Las gemelas Viruella y Varizzella. Viejarella, la bruja más vieja de todas, postrada en una silla de ruedas con escobas incorporadas. Carabella, la más fea de las brujas -o eso dicen, porque nadie ha visto nunca su cara-. Pero sin duda mi gran favorita es la protagonista: Brujarella.

Si hablamos de apariencias, Brujarella parodia la primera imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en la apariencia más clásica de una bruja. Una mujer mayor entrada en carnes y propietaria de una verruga en la nariz, con su correspondiente y solitario pelo en mitad de la verruga. Pero es que además, Brujarella exagera todos los rasgos propios de una bruja: solo le queda un diente, solo hace la colada una vez al año... En fin, comedia fina-fina.

El caso es que las ranas del bosque -ingrediente principal en las pociones de las brujas- están desapareciendo de repente. Y todas las brujas se han reunido para organizar una búsqueda y captura del responsable. Bueno, todas menos Brujarella. Porque resulta que esta bruja malhumorada, divertida y entrañable, ni siquiera se ha percatado de los extraños sucesos que están teniendo lugar en las charcas del bosque. Brujarella está demasiado ocupada persiguiendo a la persona o animal que le ha robado uno de sus preciados calcetines a rayas.

Y puesto que las brujas pueden hablar con los animales, Brujarella le pedirá su inestimable ayuda a tres personajes de lo más inverosímiles: una urraca obsesionada con la comida, un pingüino sabiondo que da consejos a todo el mundo (sí, un pingüino en mitad del bosque) y un lobo que se ha convertido en poeta después de zamparse a un humano poeta.


Las ilustraciones de Iban Barrenetxea siempre me han parecido un regalo para la vista, pero resulta que también escribe divinamente. La prosa de este autor me ha parecido divertidísima porque juega con las palabras constantemente. Por otro lado, el modo en que dota de vida y pensamiento a objetos inanimados -como los zapatos de Brujarella- resulta desternillante.
 

Si tuviera que definir esta novela con una sola palabra, sería Hilarante. En resumen: una verdadera genialidad, asquerosamente graciosa (porque algunas descripciones... telita que asco, señores). Desde las primeras páginas, me he reído de lo lindo. Pero también se trata de un cuento ligeramente oscuro porque, a medida que avanza la historia, el desenlace se vuelve un poquito más sanguinario, aunque igualmente divertido. Después de todo, Brujarella es la historia de una venganza.

Otro de los detalles que más me han gustado de esta novela es la importancia que le concede en todo momento a la amistad, puesto que Brujarella no habría conseguido desvelar el misterio sin la ayuda de los animales. Y el gesto final de sus amigos me ha inspirado ¡tantísima! ternura.

Por cierto, las brujas solo utilizan las ranas imprescindibles "del mismo modo que alimentamos el fuego de la chimenea con ramas caídas, pero jamás cortaríamos un árbol para quemarlo. Si lo hiciéramos, pronto no habría ni ramas caídas, ni árboles, ni fuego en nuestra chimenea." Desconozco si este mensaje ecologista era un guiño sutil escrito a propósito, pero el caso es que me ha encantado.

Por último, el epílogo me ha pillado completamente desprevenida, así que el final de la historia me ha sorprendido, divertido y encantado. En definitiva, he disfrutado muchísimo con esta lectura, de principio a fin, y recomiendo este libro tanto a pequeños como a mayores.


Iban Barrenetxea (Elgoibar, 1973). El absurdo y la casualidad, leyes absolutamente presentes en nuestro mundo, son un elemento más de su paleta, con la que retrata a carismáticos personajes que transpiran una sutil ironía. Tras una década dedicado al diseño gráfico, inició su carrera como ilustrador en 2010. Desde entonces ha ilustrado una decena de libros, ha escrito dos de ellos y su obra ha sido reconocida con galardones del prestigio de Bratislava y los literarios de Euskadi.


Con esta lectura, no solo he descubierto la prosa de Iban Barrenetxea, puesto que también ha sido mi primera experiencia con la editorial Thule. Y ciertamente, ha sido una experiencia muy, muy satisfactoria; tanto por la historia como por la calidad de su edición. Sin lugar a dudas, no tardaré mucho en buscar mi próxima lectura en su catálogo.


Nota: cinco de cinco

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